DEPRESIÓN POST-VACACIONAL

Volver a la rutina no es fácil para muchas personas, por ello es importante tener en cuenta factores de afrontamiento que nos permitan retomar los nuevos comienzos con tranquilidad.

Estamos en la primera semana de septiembre y eso significa que muchas personas hemos vuelto a nuestra rutina diaria, con lo que conlleva, despedirse del verano y sus vacaciones.

Este nuevo inicio de “curso” puede provocar en las personas diferentes sensaciones, ya que, hay gente que se encuentra muy cómoda volviendo a la estabilidad de la rutina, sin embargo, también nos encontramos en el escenario de que nos pueda hacer sentir tristeza, apatía, desgana, desmotivación etc.

El verano tiene varios puntos positivos, por un lado las horas de sol aumentan los niveles de serotonina en el cerebro lo que permite sentir un mejor estado de ánimo. Sumado al hecho de poder tener tiempo para hacer actividades que en el día a día de responsabilidades es más complicado, así que existe un mayor autocuidado. Tampoco nos podemos olvidar que es un momento de reencuentros con personas que no estamos en contacto de manera común y eso favorece a sentir vinculaciones, pertenencia, todo ello segregado también por la oxitocina.

Así que todo esto parece “desaparecer” cuando volvemos a la jornada laboral y la rutina. Añadiendo de que poco a poco llega el otoño, el tiempo empeora, disminuyen las horas de sol y esto también puede ser proclive a que se generen estado de ánimo más bajos. Así que puede ser habitual sentir desmotivación, por ello, es importante valorar algunas pautas que puedan ayudar a disminuir el impacto de la “depresión post-vacacional”

A mí siempre me gusta empezar preguntando ¿Qué es lo que me gustaría mantener en la rutina actual que haya vivido durante el verano? Por ejemplo, es posible que una de las cuestiones que más nos gusten sea poder compartir tiempo con personas que no vemos a menudo. Por ello, ¿Cómo podríamos incorporar esto? ¿Tal vez sería posible quedar con las amistades para hablar de vez en cuando por teléfono? ¿Hacer alguna videollamada de vez en cuando?

También es posible que te gustaría mantener esa actividad de autocuidado que puedes realizar en verano con más tiempo. ¿Qué día a la semana o al mes puedo robarle alguna hora o ratito para destinarlo a este hobbie?

Por último, se pueden mantener pequeños detalles del día a día. Observar cuando nos encontramos en piloto automático y que podemos hacer para disminuirlo, por ejemplo, practicar respiraciones o atención plena. Meter en la rutina alguna actividad placentera como leer.

Es natural que la desmotivación pueda mantenerse durante al menos dos semanas, hasta que el cuerpo se vuelve a acostumbrar a la rutina. Si notas que estás sensaciones aumentan y se mantienen en el tiempo, no dudes en ponerte en contacto con un profesional de la salud mental.